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Elyon Time

En el principio estaba el Bosque, cuidando y proveyendo al resto de animales. Las cuatro estaciones del año crecía, maduraba, envejecía y dormía... para en la primavera siguiente volver a crecer, reverdeciendo las tierras.

Luego vino el hombre, domesticó a los animales y tomaba del Bosque cuanto necesitaba. Aprendían a plantar y cuidar la tierra que de padres a hijos. Llegó entonces el día en que se alzó uno de ellos y dijo:

Y nació el talador, el agricultor y el ganadero. Y se dijeron todos que hacían bien ya que no necesitarían robar más los frutos que pertenecían al Bosque.

Más adelante otro hombre dijo a sus congéneres:

Y nacieron los muebles, las casas y los primeros barcos. Y dijeron que hacían bien pues llegarían a otras tierras en las que vivir y no molestarían más al Bosque.

El hombre conoció entonces todas las tierras y todos los mares. Inventó la ciudad y se multiplicaron. Inventaron la industria y robaron más espacio al Bosque.

Ahora fueron muchos los que se dijeron:

Y una vez más se multiplicaron y extendieron. Y con cada generación que se multiplicaba lo hacían sus necesidades. Los campos abrieron la tierra. Desterraron la sombra de los bosques y acorralaron a sus habitantes.

Llegó el día en que salieron a los cielos, se mataron entre ellos en dos grandes guerras y luego subieron por encima del cielo... pero siguieron aumentando. Llegó el día en que se dieron cuenta de que ya no eran tan pocos. Y muchos se dijeron:

Y trajeron muchos hijos del Bosque y plantaron parques, avenidas y calles con naranjos, hayas, robles, flores, setos y enredaderas. Las ciudades embellecieron y el hombre respiró con los hijos del Bosque, pues sus máquinas envenenaban el aire con humos negros pero las plantas respiraban ese veneno y limpiaban la ciudad.

Pero una vez más los hombres se multiplicaron y sus grandes ciudades se volvieron pequeñas. El espacio escaseaba y una vez más el Bosque fue retrocediendo y la ciudad ganando terreno. Los últimos amigos del Bosque entre los hombres gritaron alarmados.

Y los rascacielos crecieron más alto que los árboles y las montañas. Fueron tantas las viviendas, tantas las necesidades... que el hombre se acorraló a sí mismo. No había energía para tantos hogares. A al final los recursos se agotaron, las máquinas se pararon y las luces de la ciudad se extinguieron. Los hijos de los hombres salieron a sus calles oscuras. Volvieron a la era de la oscuridad. Y con ella el miedo y el desorden.

Pasaron muchos años en que la ciudad no siguió devorando al Bosque... porque se devoraba a sí misma.

Y fue una noche en particular, en una calle sin nombre, cuando muchos huían y otros cazaban a los que huían... se vio una luz tenue y brillante. La primera en recorrer las noches inseguras por el frío nocturno.

Todos los hijos de los hombres olvidaron su horror y contemplaron el esqueje de Elyon. Pues era ésta mujer, vestida de bata blanca y escoltada por militares, la que salió de debajo de la tierra con su maceta y su retoño. Criado en salas de laboratorio, junto a otros cientos de cultivos experimentales, lejos de la superficie... vino al mundo envuelto en luz. Un hijo del Bosque y al mismo tiempo un hijo de los Hombres.

Elyon avanzó entre la multitud con su esqueje, atrayendo todas las miradas hacia la claridad turquesa.

Y los hijos de los Hombres abrieron los pavimentos, picaron el hormigón y cavaron las aceras de piedra. Fueron a los parques abandonados y escarvaron hoyos profundos. Regaron y vieron crecer los árboles luminiscentes que trajeron nueva luz a la ciudad. Las farolas muertas fueron retiradas, las bombillas recicladas y las linternas olvidadas. Las calles resplandecieron con el fulgor turquesa más bello jamás visto.

Cada especie de arbusto, cada pequeña planta fue cultivada con el gen luminoso de Elyon y pronto cada familia disponía de un ejemplar en cada rincón de su hogar. Limpiaron el aire y se multiplicaron... hasta que poblaron la cima de los rascacielos reconstruídos. Hasta que conquistaron los pastos y las cosechas ya no tuvieron que temer ninguna sombra de árbol. Hasta que el Bosque volvió a la ciudad...

Y la ciudad se hizo el Bosque de Elyon.

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