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Carta al pasado

Segundo intento de tele transportación temporal del diario escrito por el Magister Doctor Marco Di Le Blomm.
Intención del proyecto: Que el hombre del pasado quite el velo que cubre sus ojos y vea lo que es capaz de producir.
Resultados: Las notas han desaparecido de la capsula. Creemos que fue todo un éxito y que el mismo llego al año estipulado, el llamado “Año de cambio”: 2015.


Ciudad de Alfa. Día 10 de Mayo de 2210.
Fue una mañana sin igual. La brisa del viento toco mi rostro y el oxigeno puro entro por mis pulmones. No existe la contaminación desde que se instalaron los purificadores en el océano y en la tierra. Respiramos aire puro, pudiendo sentir hasta el imperceptible aroma de una pequeña flor. Las aguas son transparentes, sin ninguna partícula extraña. Tampoco existen los ruidos. Las maquinarias que utilizamos son completamente insonoras, accionadas por la combustión del agua convertida en vapor.
Me encontraba sentado con las piernas cruzadas bajo un sauce admirando el vecindario. Las viviendas son prácticamente iguales, salvo por su color. La energía en cada una proviene de la energía renovable. Paneles solares y un molinete para el viento nos proveen de electricidad y calor. Las ciudades también cuentan con este sistema. Metrópolis verdes, sin atisbos de suciedad o lluvias acidas.

La naturaleza se encuentra en su esplendor. Pudimos convivir y adaptarnos a ella cuando dejamos de pensar como amos para convertirnos en su mentor. Como retribución, nos brinda día a día sus colores llenos de vida y gran belleza. Pero el regalo más grande, el “enlace final” como muchos lo llaman, fue el cierre completo de la capa de ozono.

Una pequeña vibración en mi identificador de muñeca me avisa de una emergencia y me saca del estado en el que me encontraba. Me dirijo sin perder tiempo hacia el vehículo aparcado en la acera, me siento, abrocho el cinturón y coloco la dirección en una pequeña pantalla. La puerta se cierra y comienza su camino guiado por el sistema de posicionamiento global.

El recorrido no duro más de tres minutos. Pasando un pequeño bosque, un puente que atraviesa un inmenso lago y dos pequeños pueblos más se encuentra el centro de salud en el cual trabajo. Las paredes son de vidrio opaco y el diseño del exterior son impecables. Plantas, macetas con grandes flores, hasta una fuente la ornamenta.

Las puertas se abrieron automáticamente y, caminando hacia mí, encuentro a Anna, una de las enfermeras mas simpáticas del turno. Me saluda y me entrega una cartilla holográfica con la historia clínica y síntomas de un paciente. Me dirijo a la habitación 302 y veo una señora atractiva con rasgos esplendidos pero adoloridos, vestida con un camisolín celeste intentando aguantar la respiración. Por entonces la buena calidad de vida y la eliminación del stress hicieron que la edad promedio de muerte sea a los 105 años. Esto mejoro también nuestra capacidad intelectual que se vio incrementada en un trece por ciento. Miro, sus datos en la pantalla y corroboro su edad: 85.

Junto con la enfermera que me seguía por detrás, la desvestimos y la recostamos sobre una camilla de cuero blanco. Accione el botón de un pequeño dispositivo y al instante unas varillas metálicas aparecieron de ella impidiendo que se mueva. El scanner que se encontraba en un extremo emitió una fuerte luz azulada. Lentamente comienzo a moverse desde los pies hasta su cabeza. Mientras lo hacía, un proyector de holograma a color reproducía en tamaño real las ramificaciones de sus venas, luego sus bifurcaciones nerviosas, sus órganos y por ultimo sus músculos. Le coloco una inyección liquida amarillenta en su brazo derecho y en la pantalla puedo ver como ese liquido le recorre por sus venas convirtiendo el color rojo de la sangre en uno naranja flúor. En sector del cuerpo ese líquido se detiene haciéndose más llamativo, iluminándolo. Sobre el holograma extiendo los dedos y como un zoom, se acerca la imagen hacia el problema. “¿Que cree?”, me pregunta Anna. “Una obstrucción en una arteria del corazón” le respondo por lo bajo.

La mujer se asía con el puño cerrado su pecho demostrando su dolor interno. Por momentos se quejaba y unas pequeñas lágrimas caían y se deslizaban sobre su pálida mejilla.

Agarro la cartilla de sobre el escritorio y le tomo una fotografía al holograma donde tenía la afección. En él trabajo el procedimiento a realizar: giro la imagen, secciono las partes, escribo las complicaciones y el procedimiento que se deberá cumplir. Al terminar acciono “Comenzar”.

Dos brazos metálicos se acercaron hacia el pecho de la mujer, uno corto su piel mientras al mismo instante le colocaba la anestesia local y anticoagulante, y otro dividía los músculos y adentraba hacia su objetivo. En tan solo en 3 movimientos, la maquina abrió su cuerpo, destapo la vía sanguínea y volvió a soldar la piel dejando una pequeña cicatriz casi imperceptible.
No sería la única persona que atendería esa tarde.

Las enfermedades y los problemas corporales, infecciones y demás padecimientos están casi extintos. Los avances en la medicina fueron fructíferos. Los progresos en todas las ramas fueron trascendentales no solo para nosotros, sino para la flora y la fauna. Con la ayuda de las células madre se logró, hace tiempo, clonar las especies ya extintas y ahora viven y se reproducen en un ámbito totalmente diferente, sano. Como siempre debió ser.

Esa noche me senté, como tantas otras, junto a mis hermosos hijos y mi esposa a cenar un exquisito plato de verduras y legumbres cosechadas por nosotros mismos. Todos producimos lo que nos alimenta. Hablamos de los valores, de la perseverancia, del desarrollo diario, del crecimiento y de tantos otros temas que no recuerdo en este momento.
Cuando fue hora de descansar, agradecí a mis ancestros. Gracias a ellos, a su esfuerzo, compromiso y dedicación los hombres somos uno, sin nada ni nadie que nos divida. La tecnología se utilizo en pos del progreso, de la evolución favorable del hombre. Y seguimos creyendo en esto.

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