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Arterías de metal

Te sientes abatido por las circunstancias, todo te da igual, te has repetido siempre, pero en tu interior, tú, y solo tú sabes que no es así. Puede que la muralla sea solida, puede que durante años enterrar tus emociones bajo la nieve de un corazón ya helado, muerto, haya funcionado. Pero los años me enseñaron que hasta la más fuerte de las corazas se despedaza en cuanto a asuntos del corazón se refiere. Me enseñaron que las lágrimas le duelen menos al orgullo cuando son bajo las sabanas de tu colchón y no bajo las miradas indiscretas de todos aquellos que hacen del líquido de tu dolor su elixir para vivir. Me enseñaron que los problemas son de una, y que eso no debe cambiar, pues si alguien se ocupa de ellos, estás dejando que te definan, ya que, precisamente frente a los problemas una se define a sí misma y hace de sí una persona o bien una cobarde o una alimaña, y solo entonces, siguiendo sus convicciones y utilizando sus capacidades frente a las adversidades demuestra quien es. Pues bien, en este momento de terribles adversidades y dolorosos quebraderos de cabeza, yo Lisbeth Blanch seguiré hacía delante día y noche, por única ayuda aceptaré la de mi fuerza y solo me cogeré de la mano de mi valor si me desvanezco, pues yo, caí, volé, nadé, pero ahora, ahora me toca vivir. Sí, ya no hay más duda sobre eso, vivir, ¿suena bien, no es cierto? Viajaré a través de un mundo insólito, un mundo, mi mundo, aquel que en usted es diferente, aquel que solo yo puedo ver con los ojos cerrados, donde cada tormenta está acompañada de un mayor arco iris, donde no existen animales, plantas o humanos, sino seres vivos que se respetan y conviven en armonía. Sí, definitivamente quiero viajar a ese lugar, a ese lugar donde si algo existe es gracias a mi pincel y mis colores, allí donde implantan su reinado el rey Arte y la reina Imaginación, con la única petición de la libertad. Sí, definitivamente, me voy, me voy de aquí, porque allí donde voy no existen barreras, porque en mi particular país de las maravillas la única nieve que existe es con la que se juega en invierno. ¿Y sabe por qué me voy tan lejos? Porqué la única forma que ve esta niña intrépida y curiosa de seguir viva es dejar que el pincel lo pinte todo del color de la alegría y la imaginación traiga consigo de la mano el sabor a libertad, porque, si señor Frederic, el negro y el gris están muy bien para los funerales, no para los soñadores. Y sinceramente, yo nunca tuve alma de enterradora.

Yo trataba a esta muchacha desde su nacimiento prácticamente, ella nunca lo supo, pero su único mal fue una sociedad que no estaba preparada para la verdad más absoluta y cuatro energúmenos que gobernaban el mundo con arterias de hierro, faltos de comprensión, de empatía hacia sus semejantes, penaban la imaginación y la justicia y a su vez, propagaban el consumo, crearon el Dios tecnología y propagaron su sagrada palabra, no pensarás, no imaginarás, no serás libre, renunciarás a todos tus derechos como ser humano, a cambio, nosotros te premiamos con el móvil que todos quisieran tener… Así, Lisbeth, encerrada en su cárcel de hormigón y paredes acolchadas era más libre que todos aquellos que disfrutaban de la brisa y el Sol desde su silla de ordenador, absorbidos, aislados, solos… tristes y penosos, porque sin saberlo cada gramo de su alma era arrebatado a cada vistazo al móvil, cada hora perdida ante el ordenador… y así, fueron perdiendo la vida y ganando aquello que los poderosos llamaban progreso.

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