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Utópicos y resentidos

Mucho antes de que la nueva coalición se alzase con el triunfo en las Municipales de 2020, ya tenía los días contados. Criticaban que un alcalde apoltronado debería haberse retirado mucho antes. Y vaya si me retiré. Puse tierra de por medio rumbo a la Costa del Sol, lejos de la comarca donde hice y deshice a placer desde el ayuntamiento, granjeándome amistades y enemistades por mis políticas. Que habrán gustado más o menos pero que, estimuladas a golpe de copazo en mi despacho con empresarios de la zona y a fuerza de inversiones grandiosas, ennoblecieron nuestra industria del cemento y del azulejo, así como otros muchos negocios que mamaban de la misma teta.

La crisis de la construcción, primero, y algunas mamarrachadas que revolvieron los medios locales posteriormente, me pusieron en el ojo del huracán. Alcalde corrupto. Todas las sandeces esas de Los Verdes, niñatos consentidos, lobeznos con piel de cordero, que venían a hacer pintadas a la puerta de mi chalet. Que si había vendido unos terrenos públicos para un Hotel Spa…¡si nos pararon las obras cuando habíamos colocado apenas los cimientos! Rebaño de idealistas. Eran puestos de trabajo para ellos, para sus padres y sus hermanos. Se nota que nunca les faltó un par de zapatillas Reebok y 40 euros para tomarse cubatas los fines de semana. Ecologistas de pacotilla.

Y luego el bulo de los niveles de contaminación del río, acusando a la industria local de verter sus venenos al agua. Decían que no actué, no medié, no sancioné… ¿Cómo podría haber intervenido? Hijos de concejales, primos, hermanos, todos vivían del azulejo, de las cementeras. Si nuestros hijos se han graduado en universidades decentes ha sido por todo eso. No me vengan con gaitas los hijos de mis ex empleados – de mis soldadores, mis encofradores, los electricistas que vivieron de la construcción en los años dorados – enarbolando banderas ecologistas en aras de un mundo mejor. ¿Era mejor el mundo cuando sus padres no tenían un mendrugo que llevarse a la boca? Claro que aún iban todos en pañales cuando yo pasaba el salario a los padres cada mes.

Primero empresario, luego regidor. ¿Es pecado ofrecer dignidad a mis conciudadanos?

Ahora manejan el cotarro con su lema de la Nueva Villa. Esa coalición utópica, ese puñado de ingenieros, sociólogos, abogados, perros-flauta (sí, algunos van con coleta a los plenos), conformando una alianza municipal. No niego que ganaron en buena lid. Me fastidia que hayan ido vendiendo sus cantos de sirena. Y ustedes preguntarán, ¿ha vuelto usted a Moraga de la Ribera a ver cómo ha cambiado? Sí he vuelto. Pero no me creo la fábula del mundo mejor.

Han presionado a nuestras industrias para que trasladen las instalaciones y dejen de ser un manchurrón en el horizonte cuando el turista desciende hacia la ribera por la nacional. ¿Una operación de estética? Probablemente sí; les habrán convencido por las malas de que se fueran, que gastasen los cuartos en pomposos sistemas de reciclado de residuos, de esos que terminan en tanquetas herméticas sub-terra, que a saber después...

¿Eso es cambiar las cosas? Para mí es demagogia y proselitismo, pero reconozco que les ha funcionado.

El río es terreno vedado, la joya de la corona. En verano acuden los bañistas del interior a remojarse como habichuelas. “Aguas 100% salubres”, reza un cartel del ayuntamiento. Dicen que han salvado el río de un negro futuro. Un día vi a una pareja echándose unas fotos junto a los álamos, y sí, las formas se reflejaban en la superficie como en un cristal, como hace décadas. Pero sigue sonando a marketing.

Mirando los tejados de Moraga a vista de pájaro, se ven tanques cromados pegados a edificios y a chalets. Feos acumuladores de lluvia. Por no hablar de la fiebre de las placas solares, sin duda el gran negocio, que las comunidades de vecinos respetan a rajatabla. Supongo que ha habido alguna inyección. “Tenemos que depender menos de las eléctricas, reciclar agua para fines domésticos y comunitarios…”, recitaba un portavoz en la radio local. ¿Cuánto ahorran en verdad las familias con los tejados atestados de artefactos?

Y luego esa moda del colegio sostenible, otra majadería. Los siete centros educativos del municipio imparten Agricultura Local, así se llama la asignatura. Una o dos veces por semana, los críos se enfundan los guantes y las botas de goma y, por turnos, podan, abonan y recogen los frutos de la tierra. Resulta que los papás de los nenes aplauden lo que, en definitiva, hicieron sus abuelos antaño pero ellos despreciaron como forma de vida. Los frutos van a parar al menú “bio” de los comedores escolares y el sobrante – si es que hay excedente después de alimentar tantas bocas infantiles – se dona a una ONG.

Prosiguiendo con la retahíla de despropósitos, se han sacado de la manga el proyecto “Casco para Todos”, otra demencia municipal que prohíbe pasar por el centro histórico a coches y furgonetas. Ya, casco para todos menos para los que necesitan el coche para surtir sus locales y negocios, que ahora dependen de un mecanismo de reparto municipal en coches y motos eléctricas. Nada más ridículo e ineficaz que un repartidor de periódicos en moto eléctrica con sidecar abasteciendo los kioskos. Se les han subido los humos (a pesar de ser alérgicos al diésel) y ahora se creen tan europeos como Ámsterdam o Copenague. ¡Esto es Moraga de la Ribera, señores míos!

También me llegan crónicas estrambóticas de la gente de mi quinta. Ahora el primo Eusebio y mis sobrinos van en bici. El plan de “RiberaEnBici” gana adeptos. Hay estaciones a lo largo del río, junto al ayuntamiento (quitaron el monumento a la cetrería que costó un riñón en mis años de alcalde), junto a la iglesia, junto al mercado… Es decir, mis congéneres bajan a echar la partida en bici desafiando la gravedad calle abajo y con unas pinzas sujetas a los bajos del pantalón. “Pero si es muy sano”, eso dice el iluso de Eusebio, y yo en la Costa del Sol prometiéndome cada mañana hacer tres kilómetros de playa por eso del colesterol.
Hoy justo me ha llegado el periódico provincial con una injuria. La prensa ingrata, esos periodistas de poca monta que antes venían a mis inauguraciones a regarse con buen vino, se arrancan así:


La Provincia Actual, 22 de mayo de 2024

Moraga de la Ribera, Premio Europeo a la Sostenibilidad

La Comisión Europea, a través de un comité de expertos, ha otorgado el galardón de Ciudad Sostenible Europea a la localidad de Moraga de la Ribera. Los especialistas de la UE han valorado las acciones emprendidas por el actual ayuntamiento en la última legislatura, el compromiso de toda la ciudadanía a favor de un medio ambiente más limpio y un aprovechamiento óptimo de los recursos.
Hace unos años, el municipio ribereño fue severamente amonestado por el Ejecutivo comunitario cuando se detectaron niveles de contaminación elevados en el río Retorque y una degradación de la flora autóctona de la ribera como consecuencia de los vertidos industriales durante el mandato del entonces alcalde, Marcelino Altramuz. Bruselas ha valorado positivamente el plan de incentivos al empresariado local para instalar sistemas pioneros de… […]


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