Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Los reyes de la ciudad

Dos ancianos disfrutan del sol en la azotea de la Residencia, en el corazón de la ciudad. Una brisa fresca recorre los tejados con suavidad, como si se desplazara alegre y con gratitud. Tan sólo se escucha el sonido de unos pájaros que, en la copa de un árbol cercano, también celebran el éxtasis de la primavera. Cantan con brío, como si realmente estuvieran trabajando en la composición de una armonía prodigiosa.

Entre los dos ancianos, un tablero de ajedrez, con las figuras dispuestas en una fatídica guerra, reposa sobre una mesita de hierro. Fredo aprovecha el turno de Octavio para cerrar los ojos y dejarse cautivar por el aire limpio, que responde a su llamada con el vaivén de un aroma natural que le arranca una sonrisa.

Fredo tarda unos instantes en retirarse de su abstracción, mira la jugada de Octavio y sonríe.

Fredo coge un alfil con la punta de sus dedos, arrugados pero suaves, y derriba uno de los peones de Octavio.

Octavio sonríe y mira el tablero; ya lo tiene donde quería. Antes de acabar la partida, decide conversar con Fredo, su amigo de toda la vida:



Los dos ríen como siempre hacen. Muestran al sol sus dentaduras delicadas, pero blancas y sanas.








Más abajo, en una calle contigua, se escucha la risa de unas jovencitas que pasean en bicicleta. Octavio se dispone a levantarse y echar una ojeada. Las muchachas parecen gozar de preciosas sonrisas, además de firmes muslos con los que pedalear con fuerza, y cabellos suaves, con los que invadir el aire con su esencia. Pero Fredo, que también ha debido escucharlas, se queda ahí, sentado, con los ojos cerrados y sonriendo como un lelo.



Entonces, Octavio se queda boquiabierto al percibir algo que no esperaba. Una fina lágrima recorre el rostro de Fredo, que sigue con los ojos cerrados y mostrando una sonrisa embobada.

Fredo acentúa su sonrisa y se seca la lágrima con el dorso de la mano. Abre los ojos y mira a su amigo, que espera una explicación a tan repentina muestra de sensiblería.


Fredo se levanta y se dirige a una de las esquinas de la azotea. Octavio le sigue, sin comprender.

Miran juntos el horizonte. Las jovencitas ya han desaparecido entre la maleza de un parque glorioso y lleno de vida animal, pero miran embobados la grandeza de la ciudad, como si nunca antes hubiesen estado allí. Un sinfín de edificios de baja estatura se extiende a lo largo y ancho del campo de visión. Entre unos y otros, amplios espacios verdosos y ricos en arboledas, nidos y guaridas. Unos caminos de tierra comunican todos los recintos, y la gente, paseando tranquila y disfrutando de la brisa, goza de una mañana perfecta.





El tranvía pasa toda velocidad cruzando el cielo. El silencio abrumador con el que se desliza lo convierte en un gran pájaro de metal, ignorante de lo que ocurre más abajo, en lo que no forma parte de sus dominios, pero el sol, que acentúa su fulgor a medida que se acerca el mediodía, se refleja sobre sus acabados de cobre.


Octavio se frota las manos. Se dispone a ganarle, por fin, una partida de ajedrez a su amigo.

Se sientan en sus sillas de hierro. Octavio suspira, sonríe con picardía y con uno de sus caballos, ejecuta el alfil de Fredo. Lo dispone, además, junto su rey, y lejos del dominio de la reina.

Octavio lo celebra cerrando los puños y haciendo un cómico baile sin levantarse de su silla, pero Fredo niega con la cabeza, como divirtiéndose con la ignorancia de su buen amigo.

Fredo coge su reina y la mueve dos casillas, haciéndola interponerse entre su rey y el alfil enemigo.


La partida ha terminado. Alrededor de la Residencia, se empiezan a acumular las familias, que se acercan a unos de los parques para comer en comunión con la naturaleza.

Más allá, detrás de unos arbustos ocultos tras la Residencia, unos conejos corretean con agilidad, en harmonía, felices, y con una total ignorancia sobre lo que pasa a su alrededor.

Ver la lista de cuentos >>